Depresión, causas y tipos

Depresión, causas y tipos de depresión

La Distinción entre Aflicción Normal y Patología

La experiencia de un bajón del estado anímico o la manifestación de tristeza como respuesta a eventos vitales adversos, constituye una parte inherente de la condición humana, siendo estas fluctuaciones emocionales fundamentales para nuestro desarrollo psicológico y adaptación.

Sin embargo, es importante establecer una clara diferenciación entre estos estados transitorios de malestar emocional, que forman parte de la experiencia humana, y aquellas manifestaciones que, por su intensidad, duración, impacto funcional y sintomatología, configuran cuadros clínicos correspondientes a los diversos trastornos depresivos reconocidos, los cuales requieren una identificación temprana e intervención profesional para mitigar su potencial impacto devastador en múltiples esferas de la vida.

La Depresión como entidad clínica multideterminada

Los trastornos depresivos constituyen entidades clínicas multifactoriales y suponen una compleja interacción entre predisposiciones genéticas, alteraciones neuroquímicas —particularmente en los sistemas serotoninérgico, noradrenérgico y dopaminérgico—, factores psicológicos como los estilos cognitivos disfuncionales y patrones de afrontamiento inadecuados, y determinantes ambientales entre los que destacan eventos vitales estresantes, traumas tempranos y condiciones socioculturales adversas.

Esta complejidad etiológica fundamenta la necesidad de implementar abordajes terapéuticos integrales que combinen intervenciones psicoterapéuticas estructuradas —preferentemente de orientación cognitivo-conductual o interpersonal, cuya eficacia cuenta con sustancial respaldo empírico— con tratamiento psicofarmacológico supervisado por especialistas en aquellos casos donde la gravedad sintomatológica y el compromiso funcional así lo requieran, maximizando de este modo las probabilidades de remisión sintomática y recuperación funcional.

Clasificación de los trastornos depresivos

Tipos de depresión

1. Trastorno Depresivo Mayor

El trastorno depresivo mayor representa la manifestación más severa dentro del espectro de los trastornos del estado de ánimo, caracterizándose por la presencia de episodios depresivos cuya duración mínima comprende dos semanas, durante las cuales el paciente experimenta una constelación sintomatológica que afecta profundamente su funcionamiento psicosocial y calidad de vida.

La sintomatología incluye un estado de ánimo deprimido persistente durante la mayor parte del día y casi todos los días, anhedonia o marcada disminución del interés o placer en actividades previamente gratificantes, alteraciones significativas del apetito y peso corporal, perturbaciones del sueño manifestadas como insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotor observable por terceros, fatiga o pérdida de energía, sentimientos inapropiados de inutilidad o culpa excesiva, dificultades para concentrarse o tomar decisiones, y pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida, planificación o intentos autolíticos.

Dentro de esta categoría diagnóstica, podemos distinguir entre trastorno depresivo mayor de episodio único, cuando el cuadro clínico se presenta como fenómeno aislado en la trayectoria vital del individuo, y trastorno depresivo mayor recurrente, cuando se constata la presencia de dos o más episodios separados por un período de remisión de al menos dos meses, siendo esta última presentación la que conlleva mayor morbilidad a largo plazo y mayor riesgo de cronificación si no recibe tratamiento adecuado y oportuno.

2. Trastorno Depresivo Persistente (Distimia)

El trastorno depresivo persistente o distimia constituye una variante menos intensa pero más crónica dentro del espectro de los trastornos depresivos, caracterizándose por un estado de ánimo deprimido durante la mayor parte del día, presente la mayoría de los días, por un período mínimo de dos años. La sintomatología, aunque menos severa que en el trastorno depresivo mayor, mantiene una notable persistencia temporal que frecuentemente conduce a un significativo deterioro en la calidad de vida del paciente y en su funcionamiento psicosocial, educacional y ocupacional, generando un profundo sufrimiento subjetivo y objetivable.

La presentación clínica típica incluye alteraciones del apetito, perturbaciones del sueño, fatiga o baja energía, disminución de la autoestima, dificultades de concentración o toma de decisiones y sentimientos de desesperanza, configurando un cuadro que, si bien no alcanza la intensidad requerida para el diagnóstico de un episodio depresivo mayor, genera un significativo malestar clínico y deterioro funcional en diversas áreas de la vida del paciente, quien frecuentemente naturaliza su sufrimiento atribuyéndolo a rasgos de personalidad o circunstancias vitales adversas, lo que contribuye a la baja tasa de consulta espontánea y al consecuente infradiagnóstico de este trastorno en la práctica clínica cotidiana.

3. Trastorno Bipolar

El trastorno bipolar, anteriormente denominado depresión maníaca, constituye una entidad nosológica compleja caracterizada por la alternancia de episodios depresivos y maníacos o hipomaníacos, configurando un patrón cíclico de oscilaciones patológicas del estado de ánimo que comprometen severamente la estabilidad emocional, el funcionamiento interpersonal y el desempeño psicosocial del individuo afectado.

Durante las fases depresivas, la sintomatología resulta prácticamente indistinguible de la observada en el trastorno depresivo mayor, mientras que las fases de exaltación anímica se caracterizan por un estado de ánimo anormalmente elevado, expansivo o irritable, acompañado de un incremento notable de la energía y actividad, disminución de la necesidad de sueño, verborrea, fuga de ideas, grandiosidad, distractibilidad, implicación excesiva en actividades placenteras con alto potencial de consecuencias negativas y, en casos graves, sintomatología psicótica congruente o incongruente con el estado de ánimo.

El abordaje terapéutico de esta patología difiere sustancialmente del empleado en los trastornos depresivos unipolares, requiriendo la implementación de estabilizadores del humor como el litio o determinados anticonvulsivantes, junto con intervenciones psicoterapéuticas específicamente diseñadas para el trastorno bipolar, que enfatizan la psicoeducación, adherencia al tratamiento farmacológico, identificación temprana de pródromos y regularización de ritmos circadianos, además de un minucioso seguimiento clínico que permita realizar ajustes terapéuticos oportunos ante las fluctuaciones propias de esta patología.

4. Trastorno Depresivo Estacional

El trastorno depresivo estacional constituye una variante cronobiológica dentro del espectro de los trastornos afectivos, caracterizada por la recurrencia de episodios depresivos en determinadas épocas del año, típicamente durante los meses otoñales e invernales, cuando se produce una disminución significativa de la exposición a la luz solar, experimentando remisión espontánea durante primavera y verano. La fisiopatología de este trastorno involucra alteraciones en la secreción de melatonina y en los ritmos circadianos, que secundariamente impactan sobre la regulación de neurotransmisores implicados en la modulación del estado de ánimo, particularmente serotonina y noradrenalina.

La presentación clínica típica de la variante invernal incluye hipersomnia, hiperfagia con predilección por carbohidratos, aumento de peso, astenia marcada, hipobulemia, dificultades de concentración, retraimiento social e irritabilidad, configurando un cuadro que algunos autores han denominado "síndrome hibernacional", mientras que la presentación estival, significativamente menos frecuente, se caracteriza por insomnio, anorexia, pérdida ponderal, inquietud psicomotriz y exacerbación de sintomatología ansiosa, constituyendo un desafío diagnóstico que requiere una minuciosa evaluación longitudinal y frecuentemente se beneficia de intervenciones cronobiológicas como la fototerapia, además del tratamiento farmacológico convencional.

5. Depresión Psicótica

La depresión psicótica representa una forma particularmente severa de trastorno depresivo mayor, en la cual el profundo desajuste del estado de ánimo se acompaña de manifestaciones psicóticas como delirios y/o alucinaciones, que habitualmente resultan congruentes con el estado de ánimo predominante, incluyendo ideación delirante de culpa, ruina, enfermedad, nihilismo o persecución, así como experiencias alucinatorias principalmente en la esfera auditiva, con contenidos autodenigratorios, acusatorios o condenatorios, que incrementan significativamente el sufrimiento del paciente y potencian el riesgo suicida, requiriendo frecuentemente hospitalización para garantizar la seguridad del individuo y administrar tratamiento intensivo.

El abordaje terapéutico de esta variante depresiva resulta más complejo, precisando habitualmente la combinación de antidepresivos con antipsicóticos, y en casos refractarios, la implementación de terapia electroconvulsiva, que continúa siendo uno de los tratamientos más eficaces para esta presentación clínica particular, especialmente cuando existe riesgo vital inminente por ideación suicida estructurada o rechazo alimentario severo, situaciones que configuran verdaderas emergencias psiquiátricas que demandan intervención inmediata y coordinada por un equipo interdisciplinario.

6. Depresión Posparto

La depresión posparto constituye un trastorno del estado de ánimo que afecta aproximadamente al 10-15% de las mujeres tras el alumbramiento, desarrollándose típicamente durante los primeros tres meses posteriores al parto, aunque puede manifestarse hasta un año después del nacimiento, y cuya génesis involucra una compleja interacción entre factores biológicos —particularmente las drásticas fluctuaciones hormonales asociadas al puerperio—, psicológicos —como la adaptación a la maternidad, cambios en la dinámica familiar y posible reactivación de conflictos no resueltos—, y sociales —incluyendo la falta de apoyo percibido, dificultades económicas y expectativas culturales sobre la maternidad.

La manifestación clínica trasciende ampliamente la tristeza puerperal transitoria o "baby blues", presentándose como un cuadro depresivo completo que puede incluir llanto frecuente, irritabilidad, ansiedad excesiva respecto al bienestar del bebé, sentimientos abrumadores de incompetencia maternal, dificultades para establecer vínculo afectivo con el recién nacido, alteraciones del sueño no vinculadas a las demandas del lactante, falta de concentración, ideación autolítica y, en casos severos, ideas de dañar al bebé, requiriendo una evaluación minuciosa que considere tanto el bienestar materno como la seguridad infantil, e implementando intervenciones terapéuticas que contemplen las particularidades de esta etapa vital, incluyendo consideraciones específicas respecto a la farmacoterapia durante la lactancia y el fortalecimiento de redes de apoyo efectivas.

Tratamiento de la depresión

El reconocimiento de la heterogeneidad fenomenológica de los trastornos depresivos resulta fundamental para implementar estrategias terapéuticas individualizadas que respondan adecuadamente a las particularidades de cada presentación clínica, considerando no sólo la sintomatología predominante, sino también factores como la edad de inicio, patrón de recurrencia, respuesta a tratamientos previos, comorbilidades psiquiátricas y médicas, y características psicosociales relevantes que puedan modular tanto la expresión sintomatológica como la respuesta terapéutica.

Desde Tesalia Psicología, recomendamos la intervención temprana, sustentada en un diagnóstico preciso y un plan terapéutico comprehensivo, la cual constituye el factor más determinante en el pronóstico a largo plazo, permitiendo mitigar el sufrimiento subjetivo, prevenir complicaciones potencialmente fatales como el suicidio, y restablecer el funcionamiento premórbido del individuo afectado por estas patologías, cuya prevalencia creciente las ha convertido en uno de los principales desafíos para los sistemas sanitarios contemporáneos.

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